CAOS
Sentados donde nos hallamos, respiro el reposo de la tierra. El viento recoge el aroma de toda la vida vegetal que nos rodea y lo estrella en nuestros rostros; no se escucha más que el agua que, quiera o no, fluye… el río siempre el mismo, su contenido siempre distinto. Aquí, siento a mis seis billones de células trabajando y vibrando al unísono, somos dos supérorganismos tan próximos, indivisibles, como un conjunto de partículas entrelazadas, un sistema con una función de onda única. A lo lejos, las soberbias montañas, al descubrir su propia pequeñez, se estiran para huir de ella y alcanzar las esferas celestes. Detengo mi mirada en su empresa, me pregunto si yo, al igual que aquel astrónomo francés, podría determinar el lugar exacto en donde la tierra y el cielo se tocan… todo es tan verde, tan hermoso que me dan ganas de llorar. Dicen que mientras las personas son jóvenes y la composición de su vida está aún en sus primeros compases, pueden escribirla juntos e intercambiarse motivos...